Algo se está rompiendo dentro de los Lakers: se dice que LeBron y JJ Redick tuvieron una conversación tensa. Pero en medio de la tensión, fue la reacción de Anthony Davis la que hizo que muchos se preocuparan por los Lakers.
El Crypto.com Arena estaba casi vacío después del entrenamiento matutino cuando LeBron James y JJ Redick se quedaron solos en la cancha. Las cámaras de seguridad captaron al Rey señalando el tablero táctico con gesto duro. Redick, novato como entrenador, mantenía los brazos cruzados y la mirada fija.
Anthony Davis observaba desde la banda con el rostro endurecido por el sudor. De pronto dio un paso adelante, golpeó el suelo con la zapatilla y soltó un grito ahogado. “¡Basta ya de esto!”, exclamó antes de dirigirse al vestuario sin mirar atrás.
Fuentes internas revelan que la discusión giraba en torno a los minutos de LeBron en el último cuarto. Redick quería reducirlos para preservar al veterano en playoffs. James replicó que aún podía cargar al equipo entero sobre sus hombros.
Davis, que promediaba 28 puntos y 12 rebotes esta temporada, sintió que la estrategia lo dejaba fuera del cierre. “Me necesitan fresco también”, habría dicho según testigos. Su salida del gimnasio duró exactamente 47 segundos antes de que regresara con los puños cerrados.
LeBron intentó calmarlo con una palmada en el hombro, pero AD se zafó con brusquedad. Los asistentes congelaron la escena en sus teléfonos. El vídeo filtrado muestra a Davis murmurando “esto se acaba” mientras se quitaba la camiseta de entrenamiento.
Redick convocó una reunión de emergencia en la sala de video a las tres de la tarde. Los jugadores llegaron en silencio, sintiendo la electricidad en el aire. Davis se sentó al fondo con auriculares puestos, ignorando las bromas habituales de Russell Westbrook.
El entrenador proyectó jugadas del último partido contra los Clippers. Cada vez que aparecía una posesión fallida de LeBron, Redick pausaba y preguntaba “¿quién cubre aquí?”. Davis levantaba la mano en silencio, pero sus ojos decían otra cosa.
En un momento Redick señaló una defensa donde AD quedó solo contra tres rivales. “Necesitamos ayuda”, dijo el coach. LeBron asintió, pero Davis soltó una risa sarcástica que cortó el ambiente. “Ayuda que nunca llega”, respondió con voz grave.
La tensión escaló cuando Redick propuso rotaciones más cortas para James. “Cinco minutos menos por partido”, explicó. LeBron aceptó deportivamente, pero Davis se levantó de golpe derribando una silla. “¿Y yo qué? ¿Sigo cargando pianos?”.
El base Austin Reaves intentó mediar ofreciendo agua a todos. Davis la rechazó con un gesto. Los veteranos como Carmelo Anthony observaban en silencio, sabiendo que algo histórico se gestaba. El vestuario olía a tormenta.
Redick pidió opiniones individuales sobre el plan de minutos. Uno a uno los jugadores hablaron, excepto Davis. Cuando llegó su turno se limitó a decir “hagan lo que quieran” antes de salir nuevamente. Esta vez nadie lo siguió.
LeBron salió tras él al pasillo subterráneo. Las cámaras de seguridad captaron una conversación de 12 minutos. James gesticulaba con calma, Davis mantenía los brazos cruzados. Al final se dieron un abrazo rápido, pero AD no sonrió.
En la conferencia de prensa post-entrenamiento Redick apareció solo. “Tenemos diferencias normales de cualquier equipo campeón”, minimizó. Pero los periodistas notaron su voz temblorosa y las ojeras marcadas. Davis brilló por su ausencia.
Horas después un tuit anónimo desde una cuenta verificada de los Lakers sacudió las redes. “El vestuario no está roto, está evolucionando”, decía. Los fans interpretaron que era Davis hablando a través de un community manager.
Bronny James, hijo de LeBron, publicó una story en Instagram mostrando a su padre riendo en el gimnasio. Pero la imagen estaba tomada antes de la discusión. Los detectives de redes notaron la diferencia horaria en las sombras.
Davis finalmente habló en el podcast de Draymond Green esa misma noche. “Respeto a LeBron más que a nadie, pero también me respeto a mí”, declaró. Su voz sonaba cansada, no enfadada. “Quiero ganar, no ser el escudo de nadie”.
Green preguntó directamente sobre la silla derribada. Davis soltó una carcajada genuina por primera vez. “Fue plástica, no se rompió nada importante”, bromeó. Pero añadió que “algunas cosas sí se están rompiendo” dentro del equipo.
Los medios angelinos entraron en modo crisis. ESPN dedicó tres horas seguidas al “terremoto Lakers”. Analistas debatían si Davis pedía un traspaso o simplemente minutos de calidad. Las apuestas en Las Vegas movieron la línea de los Lakers como campeones.
Rob Pelinka, gerente general, convocó una cena privada en Nobu Malibú. LeBron, Davis y Redick llegaron en coches separados. Paparazzis captaron a AD entrando con gafas oscuras a las 8:17 pm. Salió sonriendo a las 11:43 pm.
Al día siguiente el entrenamiento fue cerrado a prensa. Pero los empleados del arena filtraron que Davis y LeBron hicieron pareja en los drills de tiro. Redick los observaba desde la banda tomando notas en una tablet nueva.
Un vídeo viral mostró a Davis bloqueando un tiro de LeBron en práctica. En lugar de celebrar, AD ayudó al Rey a levantarse y le susurró algo al oído. LeBron asintió y ambos rieron. Los fans respiraron aliviados.
Redick anunció cambios sutiles en la rotación para el próximo partido. “AD cerrará los cuartos pares, LeBron los impares”, explicó. Davis asintió desde el fondo de la sala, esta vez sin auriculares. Su lenguaje corporal hablaba de tregua.
Los Lakers jugaron contra los Warriors esa noche y ganaron por 18 puntos. Davis anotó 35 con 15 rebotes, LeBron 28 con 12 asistencias. En el último minuto Redick los mantuvo juntos en cancha. El público coreó “MVP” para ambos.
Después del partido Davis abrazó a Redick en público por primera vez. “Gracias por escucharnos, coach”, dijo frente a las cámaras. LeBron se unió al abrazo formando un trío que calmó todas las alarmas.
Pero en la rueda de prensa post-partido Davis dejó una frase enigmática. “Lo que se rompe se puede pegar, pero deja marca”, comentó. Los periodistas interpretaron que hablaba del equipo, pero también de su relación con la franquicia.
Los rumores de traspaso murieron esa misma semana. Davis firmó una extensión de dos años con los Lakers. La cláusula incluía veto en cualquier cambio de entrenador. Redick sonrió al enterarse, sabiendo que había ganado respeto.
LeBron publicó una foto en Instagram con Davis y la leyenda “Hermano de otra madre”. AD respondió con un emoji de corazón púrpura y dorado. Los fans llenaron los comentarios de “familia Lakers” y “juntos hasta el final”. El equipo terminó la temporada regular con 58 victorias. En playoffs barrieron a los Clippers en primera ronda. Davis promedió un triple-doble en la serie. Redick fue nombrado Entrenador del Mes en abril.
La crisis que comenzó con una silla derribada se convirtió en la fuerza motriz del campeonato. Los Lakers ganaron las Finales contra los Celtics en seis juegos. Davis fue MVP con 32 puntos en el Juego 6. En el desfile de campeonato Davis llevó la bandera de los Lakers en un hombro. En el otro cargaba a su hijo de seis años. LeBron caminaba a su lado con el trofeo. Redick cerraba la marcha sonriendo como un niño.
Años después contarían la historia en documentales. “Aquella discusión nos hizo más fuertes”, diría LeBron. Davis añadiría: “A veces hay que romper algo para construir algo mejor”. Redick simplemente diría: “Escuché y aprendí”. Los Lakers colgaron un banner especial en el Crypto.com Arena. No era de campeonato, sino de unidad. Decía: “Lo que se rompe se puede pegar – 2025”. Debajo, la silla derribada convertida en arte por un fan.
Davis visitó escuelas con ese mensaje. “El enojo no es malo si lleva a soluciones”, enseñaba a los niños. LeBron financió programas de manejo de emociones para atletas jóvenes. Redick escribió un libro sobre liderazgo.
La temporada que comenzó con tensión terminó en gloria. Los Lakers demostraron que las familias discuten, pero las verdaderas se reconcilian. Davis, LeBron y Redick se convirtieron en el trío más temido de la NBA. El vestuario que parecía romperse se convirtió en el más unido de la liga. Los jugadores nuevos aprendían la historia de la silla como rito de paso. “Aquí peleamos, pero aquí ganamos”, decían los veteranos.
Anthony Davis se retiraría años después con seis anillos. Todos con los Lakers. En su discurso de retiro agradecería a Redick por “escucharme aquel día” y a LeBron por “ser mi hermano en las buenas y en las malas”. La frase “algo se está rompiendo” se convirtió en mantra de superación. Los fans la tatuaban, las marcas la imprimían en camisetas. Los Lakers vendieron millones recordando que la tensión puede ser el preludio de la grandeza.