¡Escándalo en el Real Madrid! La UEFA amenaza con quitarle sus dos últimas Champions y Vinicius ignora a Mbappé en la entrega de la Bota de Oro — ¿Envidia o guerra interna?

El Real Madrid, el club más laureado de la historia del fútbol, se encuentra en el ojo del huracán en noviembre de 2025. Una tormenta perfecta de controversias deportivas y tensiones internas amenaza con erosionar el aura de invencibilidad que ha envuelto al equipo blanco en los últimos años.
Por un lado, la UEFA ha lanzado una advertencia que pone en jaque las dos últimas Champions League conquistadas por los merengues, avivando el fantasma de sanciones que podrían reescribir la historia reciente del club. Por otro, un gesto aparentemente inocuo en la ceremonia de la Bota de Oro de Kylian Mbappé ha desatado un vendaval de especulaciones sobre una posible fractura entre las dos estrellas del ataque madridista: Vinicius Junior y el propio Mbappé.

¿Se trata de simple envidia, o es el preludio de una guerra interna que podría descarrilar el proyecto de Xabi Alonso? Las redes sociales arden, los medios diseccionan cada detalle y los aficionados, divididos, claman por respuestas. En este artículo, desglosamos los hechos, el contexto y las implicaciones de este doble escándalo que tiene al Bernabéu en vilo.
Comencemos por la amenaza de la UEFA, que ha caído como un jarro de agua fría sobre la directiva presidida por Florentino Pérez. Según informes exclusivos de La Sexta y confirmados por fuentes cercanas al organismo europeo, la UEFA ha emitido una sanción condicional contra el Real Madrid por el comportamiento discriminatorio de un sector de la afición durante el partido de vuelta de los playoffs de la Champions League 2024-25 contra el Manchester City.
El incidente, ocurrido en febrero de 2025, involucró cánticos racistas y objetos lanzados al césped, lo que ha llevado al Órgano de Apelación de la UEFA a imponer una multa de 30.000 euros y, lo más grave, una clausura parcial del Santiago Bernabéu para los próximos dos años en competiciones europeas. Pero el verdadero terremoto llega con la cláusula suspensiva: si se repite cualquier infracción similar, el club podría enfrentar la anulación de sus títulos de 2024 y 2025, incluyendo las ansiadas Champions League que tanto costaron conquistar bajo el mando de Carlo Ancelotti.
Esta medida no es un capricho aislado. La UEFA, en su cruzada contra el racismo en el fútbol, ha endurecido su postura en los últimos años, especialmente tras el caso de Vinicius Junior en LaLiga, donde el brasileño ha sido víctima recurrente de insultos xenófobos. Fuentes internas revelan que el organismo europeo ve en el Real Madrid un caso emblemático: un club con una afición apasionada pero a veces desbordada, que ha acumulado advertencias previas.
“Es un ultimátum claro: limpien su casa o paguen las consecuencias”, comentaba un portavoz anónimo de la UEFA. Para el madridismo, esto no solo pone en riesgo trofeos sagrados —las décimocuarta y decimoquinta Orejonas—, sino que reaviva el viejo conflicto con el ente rector por la fallida Superliga. Recordemos que, en octubre de 2025, un tribunal madrileño falló a favor del Real Madrid, abriendo la puerta a demandas por daños y perjuicios contra la UEFA por valor de hasta 4.500 millones de euros. Pérez, maestro de las batallas legales, ya ha anunciado que no cederá: “Defenderemos nuestra historia con uñas y dientes”. Mientras, el entrenador Xabi Alonso, en rueda de prensa post-Liverpool, evitó el tema: “Nos centramos en el campo; lo extradeportivo lo manejan los grandes”.
Pero si la amenaza de la UEFA es un golpe institucional, el episodio de la Bota de Oro es un puñal en el corazón del vestuario. El pasado 31 de octubre de 2025, el Santiago Bernabéu se llenó de glamour para celebrar el galardón individual de Kylian Mbappé, quien con 31 goles en la temporada 2024-25 se coronó como el máximo artillero de las grandes ligas europeas.

La ceremonia, organizada por L’Équipe y con la presencia de toda la plantilla, directivos y familiares, debía ser un oasis de orgullo colectivo. Mbappé, luciendo su característica sonrisa, levantó el trofeo dorado amid ovaciones ensordecedoras. Florentino Pérez no escatimó elogios: “Kylian representa el futuro y el presente del madridismo; su compromiso es un orgullo para todos”. El francés, en un discurso impecable en español, agradeció el apoyo: “Sin el equipo, el cuerpo técnico y esta afición increíble, nada de esto sería posible. Es el trabajo colectivo lo que nos hace grandes”.
Sin embargo, una imagen capturada en vídeo ha eclipsado la fiesta. Mientras Mbappé exhibía el premio con un gesto casi desafiante —levantándolo alto frente a sus compañeros—, Vinicius Junior permaneció en un segundo plano, con los brazos cruzados y una expresión gélida que no pasó desapercibida. El brasileño, que acababa de fallar un penalti clave en el reciente 4-0 ante el Valencia (precisamente cedido por Mbappé), no se acercó a felicitar a su compañero ni compartió el podio.
En su lugar, se limitó a un “Enhorabuena, mi hermano” en una historia de Instagram horas después, un gesto que muchos interpretan como forzado. Las redes explotaron: #ViniVsMbappe acumuló millones de menciones en horas, con memes que comparan la escena a un duelo de egos shakesperianos. ¿Ignorancia deliberada o mera timidez? Analistas como Pipi Estrada en Marca lo tienen claro: “Mbappé le dio la oportunidad a Vinicius de liderar el proyecto, pero no la aprovechó. Ahora, el Madrid es de Kylian por jerarquía y goles”.
La tensión entre ambos no es nueva. Desde la llegada de Mbappé al Bernabéu en 2024, el brasileño ha visto cómo el francés eclipsa su rol. Vinicius, héroe de la Champions 2024 con su gol en la final contra el Dortmund, soñaba con ser el nuevo rey del ataque madridista. Pero Mbappé, con su hat-trick en el Clásico y su liderazgo en la Bota de Oro, ha reescrito la jerarquía. Jorge Valdano, en Movistar, criticó el penalti fallado por Vini: “El que lucha por la Bota de Oro y los mete es Mbappé”.
Fuentes del vestuario hablan de frustración: Vinicius se siente “relegado”, con menos balones en el área y un protagonismo mediático diluido. El reciente 1-0 ante el Liverpool en Champions, donde ambos corrieron menos de 8,5 km —el mínimo del equipo—, ha avivado las críticas. Gareth Bale, exmadridista, no se mordió la lengua: “Faltó magia de Mbappé y Vinicius en el último tercio; es frustrante”. Incluso Thierry Henry y Emmanuel Petit han apuntado a un “problema” con Vini, sugiriendo que su comportamiento podría alejarlo del club.
Esta coyuntura coincide con un Real Madrid que, pese a liderar LaLiga con Xabi Alonso al mando, muestra grietas. La derrota en Anfield expuso debilidades: un mediocampo expuesto sin Tchouaméni lesionado y un ataque estéril con solo 5 goles de Vinicius en 15 partidos frente a los 18 de Mbappé.
Rumores de un interés por Haaland para “reforzar” el ataque circulan, lo que podría marginar aún más al brasileño. La directiva, consciente del riesgo, ha convocado reuniones urgentes. Pérez, que ya gestionó egos como los de Ronaldo y Bale, apuesta por la mediación: “Somos una familia; las estrellas brillan juntas”. Mbappé, por su parte, minimizó los rumores en una entrevista con Movistar: “Lo normalizo. Vini es extraordinario; no hay conflictos”.
La pregunta que flota en el aire es demoledora: ¿puede el Real Madrid sobrevivir a esta doble crisis? La amenaza de la UEFA no solo cuestiona títulos, sino que podría inhabilitar al Bernabéu para duelos clave en 2026, afectando ingresos y moral. Y la supuesta guerra Vinicius-Mbappé, si no se resuelve, podría fracturar un vestuario que ha ganado todo bajo Ancelotti.
Expertos como Gerard Romero predicen: “Si no hay unidad, el Barça de Flick los devorará”. Los próximos partidos —contra el Atlético en LaLiga y Juventus en Champions— serán el termómetro. Alonso, con su calma vasca, insiste: “El fútbol cura todo; volvamos al verde”.
En conclusión, el Real Madrid navega aguas turbulentas donde lo legal, lo personal y lo deportivo se entremezclan en un cóctel explosivo. La UEFA acecha con su espada de Damocles, y el dúo estelar parece al borde del abismo. ¿Envidia pasajera o guerra declarada? ¿Triunfo colectivo o implosión? El tiempo, y los próximos balones en el área, lo dirán. Por ahora, el madridismo contiene el aliento, fiel a su mantra: ¡Hala Madrid! Pero esta vez, la fe podría no bastar.